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JOYERÍA TIBETANA: la cultura que se esconde detrás

La joyería habla de la cultura donde nace y se desarrolla. Describe el carácter, la geografía, la historia, las creencias.

Ya hemos hablado de la JOYERÍA AMAZIGH (bereber o tuareg), la JOYERÍA KUCHI (afgana) o LA VESTIMENTA BALINESA.

Hablemos ahora de la TIBETANA, y no podemos empezar a describir la joyería sin antes conocer qué es el Tibet, cómo entienden la vida, cómo la simbolizan...

Bien es sabido que la historia del Tíbet no ha sido demasiado pacífica, y no porque este pueblo sea guerrero, sino porque muchos países han deseado incorporar sus bastos terrenos montañosos en sus dominios. Esas cumbres nevadas del Himalaya, con animales endémicos como el yak, y las personas campesinas cruzando los kilométricos caminos decorados con banderas tibetanas multicolor a miles de metros de latitud.

No voy a relatar la historia de Tibet, creo que hay mucha información al respecto sobre ello, sólo quiero mencionar su recorrido para luego entender las influencias de otras culturas en su arte.

Hasta la Edad Media Tibet fue independiente hasta el dominio mongol en el s.XIII. Aún siendo soberanía mongol, se dió respaldo religioso al Dalai Lama, ya que el budismo era la religión común mongola y tibetana.

Fue en el s.XVIII cuando irrumpió China, mandando a un comisionado a la capital, Lhasa, para hacerse cargo del gobierno. Tíbet se resistió y China invadió con miles de soldados a Tíbet, incluyendo esta tierra a sus dominios.

En 1904 los bitánicos invadieron Lhasa y así poder abrir la frontera entre Tibet e India (ya sabemos que India fue colonia británica). Tibet pasó a ser protectorado británico, que sólo duró 3 años: volvió a manos de China en 1907.

Años después Tibet y Mongolia firmaron un acuerdo a espaldas de China, aprovechando su ausencia por tener que atender sus asuntos internos. En dicho acuerdo se declaraba la independencia con respecto a China.

También acordaron con los británicos su independencia de China a sus espaldas, a cambio de cederles un generoso bocado de sus tierras.

Claro que China no iba a aceptar nada de esto, porque no participó en dicho tratado, y cuando India se independizó de Gran Bretaña, este conflicto por las tierras tibetanas disputadas entre India y China ocasionó una guerra entre ambos países en 1962.

Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, se perdió interés por Tíbet y el Dalai Lama pudo tomar temporalmente el gobierno de Tíbet, eso sí, militarizando el país y estableciendo un ejército profesional por primera vez en la historia tibetana.

Aún con ejército, carecen de autonomía hoy en día, y su forma de rebelarse ante el sometimiento chino en quemarse a lo bonzo, o exiliándose.. o seguir habitando sus amadas tierras, sentirse tibetano pero siendo políticamente chino.

Abandonados a las decisiones "de fuera", enfrentándose con problemas ecológicos tan comunes como la deforestación, de la cual dependen los aspectos climatológicos tan importante scomo la creación del monzón que alimenta a varios países del sureste asiático.

Tíbet se abre al turismo debido al crecimiento en las infraestructuras chinas y su afán por impulsar el terreno de cara al turismo. Los religiosos (o no necesariamente los religiosos) tibetanos anhelan ese estilo de vida íntimo.

El impluso turístico no se abre al mundo, ojo. De los 30 millones de turistas esperados (en una región con algo más de 3 millones de habitantes), ¡la gran mayoría son chinos! Gracias a estrategias como esta el PIB chino crece como la espuma.

Los extranjeros lo tenemos más difícil. En España sin ir más lejos, pedir el visado sólo puede hacerse de forma presencial y sólo en Barcelona si eres catalán, y para el resto de España sólo en Madrid, donde la solicitud cuesta más de 120€. Necesitas además un permiso de entrada para entrar a la Región Autónoma de Tíbet, que sólo te lo puede tramitar una agencia de viajes con licencia para hacerlo. Y si además quieres salir de Lhasa, debes obtener a parte un permiso especial para extranjeros. Conclusión: olvídate de ir a Tíbet de por libre. Siempre será por agencia. Entrar al Tíbet será desde China o Nepal (Katmandú se une a Lhasa por la "carretera de la amistad").

Periodistas o diplomáticos extranjeros tienen vetada la entrada al no ser que sean invitados expresamente por el gobierno chino.

Aún así la economía tibetana no se sustenta tanto por el turismo como por la explotación de la minería. El petróleo y el litio en estas áreas han causado mucho interés de empresas extranjeras.

El idioma tibetano se basa en monosílabos. Esto es interesante a la hora de materializar mantras o frases con su caligrafía tan reconocible.El alfabeto tibetano proviene del alfabeto brahmi indio.

Respecto a la religión, el budismo tibetano tiene la influencia del Budismo Tántrico o Vajrayāna, y su antesala: el Bön. Antiguas creencias animistas y chamánicas anteriores al budismo en Tíbet. El Bön estuvo presente durante el asentamiento del budismo, por lo cual se creó un indiscutible sincretismo, es decir, una convergencia de dos corrientes distintas, como una simbiosis que adquiere vida propia.

La corriente que acepta este budismo se llama "Bön blanco", y la que reniega de él, "Bön negro".

El budismo tibetano apenas ocupa el 6% del budismo en el mundo, aunque es de las corrientes más conocidas por la humanidad.

Las cuatro nobles verdades a alcanzar según Buda consiste en que la espiritualidad puede vencer a la infelicidad.

1. ¿Cuál es el malestar?

2. ¿Cuál es la raíz o la causa del malestar?

3. ¿Cómo extinguir la causa del malestar?

4. ¿Cuál es el camino que lleva a esa extinción de la causa del malestar?

El sufrimiento que trae el apego se puede disolver yendo a la raíz de ese apego, según el budismo, con herramientas para entrenar la mente, como LA MEDITACIÓN.

Contemplación, silencio, para deshacernos de esos venenos mentales que son la avaricia, el odio, la ignorancia. Extinguir estos fuegos se traduce como alcanzar el "Nirvana", ese estado o "lugar" al que aspiramos y así no tener que seguir reencarnándonos para aprender las lecciones que la vida nos brinda una y otra vez. En el Budismo, trascender el apego es la clave. Aferrarnos a las sensaciones, o anhelarlas cuando desaparecen... No aceptar el flujo cambiante constante, en definitiva, es lo que nos ata a esta existencia mundana.

Para alcanzar el Nirvana hay que caminar por el Noble Sendero que se divide en: Pañña (sabidudía) - Sila (moralidad) - Shamadi (concentración).

Al meditar, contemplamos las sensaciones cada vez más profundas a medida que ahondamos en la práctica. Al observarlas y llegar a la raíz de dichas sensaciones, al no reaccionar, al aceptar, se disuelven, y con ellas el apego, el ego, la sensación de separación.

El fin último es Dhamma: el amor compasivo más auténtico de que todos los seres sean felices. Sentir la conexión con todos y con el Todo. Nunca perjudicar.

Nos suena la palabra "Karma", ¿verdad? No debe entenderse como un castigo o penitencia, o como un ajuste de justicia. Al llegar al Shamadi, el Karma se entiende como una ley natural donde lo que das recibes, porque se comprende la interconexión con el Todo, y lo que le haces a otro te lo haces a tí mismo.

 

Con este brevísimo recorrido (bueno, reconozco que más largo de lo que prometí... Se nota que me apasiona la cultura tibetana, ¿no?) sobre el Tíbet y sus creencias y religión, nos adentramos en cómo materializan su esencia en su arte y joyería. Ese espíritu de no-violencia y la influencia indiscutible de la religión, la espiritualidad, y el paisaje del Himalaya.

Let´s go!

 

Nunca he estado en Tíbet, aunque sí en lugares históricamente de exilio, como Dharamshala, o países vecinos donde el budismo tibetano está a la orden del día, como Nepal (puedes leer otro Blog donde te abrimos la trastienda de Mundo Tribal en India y Nepal).

En ellos queda implícito en los senderos, calles o los monumentos la idea de "camino", de avance.

Las banderas tibetanas de oración son telas cuadradas unidas con un cordón que indican un camino. En ellas se escriben las plegarias tibetanas que te acompañan en ese camino, donde avanzas mientras te liberas de las cargas más pesadas: las mentales. El origen de estas banderas de cinco colores es Bön, y con el budismo se añadieron los mantras escritos. Los cinco colores tradicionales son usados siempre en este orden: azul (cielo – espacio), blanco (agua), rojo (fuego), verde (aire), amarillo (tierra). El viento ondea las banderas, purificándolas de "aire" y esparciendo esta bendición a todo aquel que se encuentre cerca. Se renuevan cada año nuevo tibetano, para recordar que nada perdura para siempre.

Las ruedas de plegarias o cilindros de oración se encuentran en los templos tibetanos en vertical, acompañando tu caminar con el mantra grabado OM MANI PADME HUM. Simboliza el hacer girar la rueda del Dharma, acumular la sabiduría y acercarnos a la iluminación. Se giran en sendito horario (como el sol recorriendo el cielo) mientras se recita el mantra OM MANI PADME HUM, traducido literalmente como "La joya en el loto". Cada sílaba representa la purificación de los seis ámbitos de la existencia:

OM: meditación; MA: paciencia; NI: disciplina; PAD: sabiduría; ME:generosidad ; HUM: diligencia.

Obviamente la profundidad de cada sílaba y su significado se pede desarrollar hasta el infinito. Pero esto daría para otra entrada al Blog.

He mencionado este mantra entre todos los demás, porque al ser tan representativo entre los tibetanos, se plasma en el arte como la joyería. Hemos visto que el lenguaje se basa en la consecución de sílabas, con significado propio, que al juntarse en palabras adquieren significados más completos (ejemplo: mani=joya; padme=loto).

Mala budista: ristra de 108 esferas de manera o de semillas de rudraksha que se usa para recitar mantras. Equivaldría al rosario en el catolicismo. Puedes ver más información en la descripción del collar que trajimos desde Nepal con una semilla central de doble rudraksha.

Mandalas tibetanos: dibujos realizados con arena tintada de vivos colores (en sus orígenes eran piedras naturales trituradas), que representan formas geométricas concéntricas, dibujadas tradicionalmente por cuatro monjes a la vez, con un cono llamado chakpur, para la práctica de la meditación, y cuyo resultado representa un sinfín de significados cosmológicos y budistas. Lo mágico es lo efímero. Nada es permanente. Tras horas, días y semanas de trabajo minucioso, estos mandalas de borran, mezclando la arena y borrando el dibujo, con total desapego. Envuelven la mezcla en seda y devuelven a la naturaleza esa piedra hecha arena.

Escultura: representa deidades budistas. Suelen ser doradas (de bronce o incluso oro) y siempre con muchos colores vivos: policromadas y con piedras preciosas o semipreciosas incrustadas. Esto es interesante, puesto que la joyería alberga las mismas téncicas y piedras incrustradas.

Arquitecura: la más representativa son los monasterios y las estupas: estructuras que representan la mente de Buda. Es como un recipiente donde "verter" las ofrendas y homenajear a la mente iluminada.

 

Y llegamos a la JOYERÍA TIBETANA: colorida, impregnada de los cinco colores sagrados presentes en las banderas, con mucha presencia de piedras turquesa, coral, lapislázuli o ámbar. El ji es la piedra más valorada: un cuarzo negro o marrón oscuro. El resto, piedras llamativas con colores muy vistosos, que contrasten entre ellos, para definir cada diseño, cada forma, cada representación.

La elegancia de la caligrafía, cuyas sílabas se distinguen unas de otras con gracilidad, complementándose, llevando implícito significado propio y conjunto.

Terminar en picos, como las estupas, o los bordes de una joya. También las cuentas redondas, como los malas. Los diseños tibetanos son perfectamente reconocibles del resto, por sus representaciones, su diseño particular de formas elegantes, y los colores tan llamativos donde priman la turquesa, el coral o el lapislázuli. También el ámbar y la perla.

En cada pieza se plasman los valores o las enseñanzas del budismo: armonía, iluminación, equilibrio, liberación, paz, Dhamma. Mantras, símbolos y representaciones budistas, plasmados con la minuciosidad y detalle tan característico de la cultura tibetana. La caligrafía, el tercer ojo, la meditación, la iluminación, la quietud... están implícitos en cada joya.

 

 

¿No te entran ganas de indagar en la magia y la cultura que envuelven al Tíbet?

Muchas películas, reportajes o experiencias ajenas nos abren una ventana a sus misterios. Pero no es un destino fácil.

Si algo positivo se puede sacar del exilio pasado de muchos tibetanos es que en países como Nepal o India, muchos artesanos tibetanos siguen produciendo tesoros como las joyas. Podemos acercarnos a Tíbet de forma algo más accesible y entender su cultura admirando una "simple" joya.

Es maravilloso cuando vamos al lugar en cuestión y el artesano te explica todo en persona, y tú eliges pieza por pieza lo que vas a llevar a España.

Desde aquí os damos las gracias por la acogida de reliquias como las que hemos traído.

Puedes ver cómo es nuestra manera de trabajar en este artículo. En su portada me despedía la abuela de un viejo amigo nepalí anudándome en el cuello una Khata tibetana como símbolo de buena suerte, bienvenida y agradecimiento.

Al ofrecerla los tibetanos suelen darla junto con la expresión "Tashi Delek" (que significa buena suerte).

Buena suerte, Tíbet, en tu pacífico caminar.

 

 

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